lunes, 26 de abril de 2010

Vive Latino 2010

A ver, algo corto. Se acaba de celebrar una edición más del festival de Rock más importante en América latina (me caga eso de América latina) y con ello un desfile inacabable de buenas, regulares y pésimas bandas, con algunas sorpresas claro. Hay que reconocerle a los organizadores que esta vez lograron hacer un festival más homogéneo, sin esas jaladas de pelos que se daban en festivales anteriores, alternando a gente que no tenia nada que ver con otra. Ahora hubo una buena selección y todas esas ondas. El domingo estuvo para bailar todo el día en el escenario principal, con Control Machete, seguido de Tijuana No, Los Tres, Julieta Venegas (es en serio, la July piensa que después de cantar con Paulina y Coti sigue siendo rocker), Panteon Roccoco, Los Autenticos Decadentes, Ska-P, y un mar más de bandas que pusieron a brincar a la banda. En un escenario menor estuvo Rodrigo y Gabriela (no se espanten, estos no son primos de Jessie y Joy), que en México no se les valora tanto, todavía, pero para darnos una idea de su calidad, están invitados al festival de Glastonburry de este año, eso es chido y en fin, el domingo paso. Para mi el sábado fue lo mejor, pude ver a Ely Guerra, que guapa mujer carajo, no digo más. Para los ruckeros como yo, estuvo La Cuca, Las Victimas del Dr. Cerebro. Quién prendió bien chido a la banda fue Celso Piña y Dildo, la neta yo no se porque tanto escándalo, a mi no me parecen tan buenos los de Dildo pero en fin, pa' todos hay. El culmen y todo lo que yo esperaba se resumía en dos cosas: Deftones y Austin Tv, par de bandas increíbles. Por un lado los californianos lidereados por el Chino Moreno son la gran banda sobreviviente del Nü Metal, fiel a sus inicios y todo lo demás, no payasadas como Korn y eso que ya sólo le falta grabar con Timbaland, esperen eso ya lo hicieron, en fin, y Austin Tv, que para mi gusto es la banda más importante y más influyente de le escena independiente en México, y si ustedes me dicen que en inglaterra y que los Monkeys y los Ferdinand y que no se quien más, o los gringos, de los Killers, yo les digo Austin es mucho mejor. Chido, les dejo un video del festival y la neta me dio mucha hueva escribir a detalle sobre esto, ahí les debo la reseña de un par de discos nuevos la semana entrante, empezando por algo de los White Stripes.

lunes, 19 de abril de 2010

Jimi Hendrix - Valleys of Neptune




-->
Pues nada, que desde principios de mes me entero, de que hay un disco -con 8 canciones inéditas, 2 versiones alternativas y dos covers- de Jimi Hendrix, titulado Valleys of Neptune y me quede pasmado. Pertenezco a una generación donde la música fue nuestra educadora, más que la televisión o la literatura de la llamada contracultura americana. A mí, nunca me emociono tanto un poema de Allen Ginsberg, como una canción de Bob Dylan, jamás se acerco siquiera, a llevarme a un viaje alucinante el libro Naked Lunch, de William Burroughs como lo hizo la voz y la estridencia alucinada de Sid Barret, yo no me descubrí con The Dharma Bums como lo hice con Dark Side of the Moon. Claro que todos estos llegaron después y los disfruto muchísimo hoy día, pero en esos días de inocente y despreocupada infancia, no había como sentarme con mi papa a escuchar sus viejos discos. Y si quise ser escritor no fue por ninguno de ellos, fue Cortázar y Arreola y Borges y tantos y tantos otros, pero la primera vez que tomé una guitarra si fue porque quería tocar Revolution de The Beatles. A mi no me toco nada de aquellos días, y esto no representa jamás una queja, me tocaron cosas maravillosas, sigo pensando que el principio de los noventas fue maravilloso y que nos legaron bandas increíbles, nunca igual de virtuosas, pero poseedoras de una conciencia que era imposible de lograr en los 60’s y 70’s, Dylan jamás hubiera escrito Jeremy, Morrison nunca habría cantado Plush. En fin Pearl Jam, Smashing Pumpins, Stone Temple Pilots, Soundgarden, etc. Son sólo productos únicos e irrepetibles del Reaganismo. Pero con todo y eso hace un par de años pude ver a Dylan en vivo, un año antes vi a Roger Waters y lo disfrute igual que los demás, pero había algo en la mirada de ellos que yo no poseía, los recuerdos del amargo 68 mexicano, los primeros besos de los años del amor y la paz, las parejas re-enamorandose. Entonces cuando veo un disco nuevo de Jimi, me produce una sensación extraña y renovadora. No se suponía que fuera de esa manera y sin embargo, ahora hay algo que me pertenece a mí tanto como a mi padre, como a esa generación. Y de pronto tengo otra vez 5 años y me siento en la sala junto a mi papa –sólo que esta vez yo lo llamé a él- escuchamos este disco y discutimos y recordamos y me rió de sus fotos viejas con el cabello alborotado y su traje naranja del Sgt. Pepper (siempre prefirió a Harrison) que una abuela –hoy difunta-, le tejió. El por su parte trata de una vez por todas entender mi neurosis de la adolescencia y el porque nunca he dejado de escuchar a Pearl Jam, y porque sigo queriéndome meter una bala cuando escucho Jeremy o Black. Al final lo que queda son dos adultos hablando de música y de sus gustos y del porque el prefiere A Day in a Life y yo me quedo con Revolution 9, porque Echoes y no Set the controls for the heart of the sun, porque el se inclina más por Voodoo child y yo por Purple Haze.
Esta vez no pienso hablar de las canciones del disco, no hay mucho que pueda decir de Hendrix, me falta soberbia para hacer eso, pero si puedo decir que hay algo grandioso en ese hombre que pudo juntar a Padre e Hijo a escuchar otra vez esos viejos discos, sólo que esta vez con un agregado que me hizo el día, mi pequeño hijo de apenas dos años y medio -quien adora la batería por sobre cualquier cosa, y a quien hicimos un esfuerzo por darle una y la cual no deja-, se acerco a mí haciendo uno de sus primeros y espero incontables Air Guitar, diciéndome con su lenguaje hermoso y primigenio, que quiere tocar la guitarra. Eso es Jimi Hendrix.

4 estrellas.

domingo, 11 de abril de 2010

Heligoland - Massive Attack


Hace ya un rato que salió este disco, pero la verdad es que no tengo todo el tiempo que quisiera para sentarme a escribir sobre todos los discos que me gustan mes a mes, pero creo que no quiero dejar pasar la oportunidad de hablar sobre este en particular por si acaso anda por ahí un despistado que aún no lo haya escuchado, bien vale la pena.
Heligoland es el quinto disco en estudio del dueto conocido como Massive Attack. Pero antes de abordar de lleno el disco, si quiero decir que pocos grupos, logran hacer de sus discos una proyección de lo que sigue. Cuando Massive Attack vio la luz con el disco Protection (1994) ya dejaba ver lo que seguía en el grandioso y ya clásico Mezzanine (1998), y así sucesivamente. Hasta este disco, la verdad es que nada preparaba lo que seguía. Uno bien podría sentarse a leer blogs, oficiales y de los otros, y nada apuntaba a esto.
Este disco (Heligoland), llamado así por una isla que fue casi desaparecida en los bombardeos de prueba de la segunda guerra mundial, por los ingleses, esta lleno de invitados como en todos los discos. Debo confesar que si extraño la voz de Beth Gibbons, creo que esta dupla Massive-Portishead, nos han dado varios de los mejores discos de la historia. Pero en compensación (para mi por supuesto) aparece Martina Topley, que tiene una voz profunda y desgarrada, basta con escuchar los cortes Babel y Psyche, para apreciar a esta mujer, quien los estuvo acompañando en sus recientes presentaciones, acá en tierras mexicanas. Todas las canciones del disco tienen personalidad propia y es claro que este dueto de Bristol, no invita gente nada más a cantar o a interpretar algún instrumento. Los llaman porque de entrada los admiran y quieren que contribuyan con su estilo y demás, el caso más evidente es la participación de Damon Albarm (Blur, Gorillaz, The Good, the bad and the queen) que toca el bajo y hace algunas voces en Saturday come slow, donde por cierto también toca la guitarra Adrian Utley de Portishead.
10 canciones, 53 minutos de placer auditivo, hacen de este disco uno de los mejores del grupo, y se que a los puristas esto les puede molestar, pero a mi me parece que este disco está mejor logrado que el monumental Mezzanine, tiene mejor equilibrio entre las piezas y guarda un discurso más uniforme, sus letras, sin dejar de ser un tanto misteriosas, guardan una unidad más homogénea. No hay más que aplaudir cuando el talento se junta con las ganas de encontrar nuevas rutas sonoras.
4 estrellas.