
¿Qué fue de aquellos años donde la punta de la lanza del rock mexicano descansaba sobre los hombros de Saúl Hernández? En este continente que llamamos America el rock tuvo varias raíces, en Argentina por ejemplo, todo el movimiento nació de la protesta, del descontento político, mientras en México la influencia del vecino del norte marcaba el camino de las pocas agrupaciones llevándolos a hacer covers y versiones pésimas de canciones que todo mundo prefería escuchar en sus versiones originales. Algunas bandas ya comenzaban a dar pasos firmes con una identidad propia dentro de lo que se catalogó como Rock Urbano; El Tri sobre todos mandaba.
La invasión de grupos basura que venían de España convertidos en estrellas y prolongando su éxito en un país necesitado de música como el nuestro, se llevaban el dinero de los muchos que compraban esos discos de Los Hombres G y cuanta mamada de ese tipo había. De Argentina, Miguel Mateos llegó a México provocando un suceso que parecía que eran los Rolling Stones los que venían. No fue sino hasta el arribo de Soda Estéreo a mediados de los ochenta, donde Hispanoamérica completa se dio cuenta de que sí ere posible hacer una música propia sin caer en sentimentalismos ni imitaciones. Si bien Soda tenía un toque británico en su forma de producir sus discos, sus canciones, todo eso estaba cargado de una convicción inexorable que latía en todos nosotros. Los Héroes del Silencio siguieron esos pasos sin tregua reventando todo lo que se esperaba de ellos, entregando discos de una calidad que sigue siendo superior a muchas cosas que se producen hoy en día. Estas dos bandas en particular a mí no me gustan, de hecho las detesto, particularmente a los Héroes, pero jamás permitiré que mi juicio se nuble al grado de negar su importancia y trascendencia.
En ese camino apareció Caifanes, la primer banda mexicana que explotaba e irradiaba una sed de identidad propia. Sí, nadie puede negar que Saúl quería a toda costa parecerse a Roberth Smith, cosa que en México le ganó mucho descrédito de parte de los mismos pendejos que alababan a Bunbury por imitar descaradamente a Morrison (otro pendejo que me caga la madre). Caifanes lanzó un primer disco que hoy sigue siendo de culto para una generación y que sigue ganando adeptos. Los tres discos siguientes eran testimonio fiel de la grandeza de estos tipos (Saúl, Alfonso, Sabo, Alejandro y Diego, aunque este último salió pronto de la banda). Nadie puede negar y sería pendejo intentarlo, que Caifanes era una banda panfletera que explotaba una idea oficialista de lo que se entendía por el misticismo mexicano, heredado de culturas ancestrales. En este país todo mundo se siente Mexica o Maya, pero no tienen una puta idea de los orígenes de estos grupos y todo lo que suponen saber lo sacaron de un libro de metafísica de la retrograda de Corín Tellado. Hoy todo el mundo habla de las profecías Mayas y nadie podría contar los mitos de los que se componen toda su ideología. Muestra irrefutable de que por el hecho de haber nacido en esta tierra hoy llamada México, no nos hace provenir de ellos, diga lo que diga Alfonso Caso. Pero ese no es el tema; sí, Caifanes era panfletero, pero era nuestro, identitariamente nuestro. Cantaba cosas que nos decían cosas a nosotros y eso era lo que importaba. Ellos llevaban la bandera de nuestro rock, trayendo consigo a bandas como La Maldita Vecindad, Café Tacvba, La Cuca, La Castañeda, La Lupita, Tex Tex, Santa Sabina, Juguete Rabioso y tantos otros.
Alguna vez comenté que el gran éxito de Bunbury fue haberse separado de los Héroes y mostrar que él era más que el cantante de una pinche banda wannabe gringa, lo mismo pienso de Cerati. En solitario lograron expandir sus horizontes musicales en grados superlativos. Yo esperaba que Saúl diera ese salto, lo tenía todo para ser nuestro Bunbury, nuestro Cerati, nuestro Calamaro, Fito, Sabina, Charly y más. Pero no. Prolongó el camino con una banda llamada Jaguares, extensión pobrísima de Caifanes. Pan con lo mismo. Hace un tiempo supe del lanzamiento de su primer disco solista y la verdad me emocioné. Supuse que ese salto había llegado, tarde quizá, pero era su turno. Antes la reunión de la banda original y por fin Remando, el primer disco de Saúl.
Voy a ser honesto, si bien estaba emocionado, nunca fue lo suficiente como para correr a comprar el disco. Lo descargué como muchos y me senté a escucharlo por varios días. Encontré algunas canciones que me gustaron, así, a secas; y mi impresión al momento de sentarme a escribir esto es: qué mediocre es el negarse a salir de su zona de confianza y aferrarse a seguir haciendo las mismas chingaderas que viene haciendo desde hace años. Ya no somos aquel pueblo necesitado de música. Ya no hay necesidad de pretender identidad, eso está hecho, ahora hay muchísima gente en México que sabe de música, gente que en verdad sabe de música y no aficionados como yo. Gente que aprecia y valora, que exige discos de calidad. Gente que esperará con ansia el disco de Café Tacvba que lanzarán en el 2012, porque ese sí es una garantía de creatividad y riesgo.
La invasión de grupos basura que venían de España convertidos en estrellas y prolongando su éxito en un país necesitado de música como el nuestro, se llevaban el dinero de los muchos que compraban esos discos de Los Hombres G y cuanta mamada de ese tipo había. De Argentina, Miguel Mateos llegó a México provocando un suceso que parecía que eran los Rolling Stones los que venían. No fue sino hasta el arribo de Soda Estéreo a mediados de los ochenta, donde Hispanoamérica completa se dio cuenta de que sí ere posible hacer una música propia sin caer en sentimentalismos ni imitaciones. Si bien Soda tenía un toque británico en su forma de producir sus discos, sus canciones, todo eso estaba cargado de una convicción inexorable que latía en todos nosotros. Los Héroes del Silencio siguieron esos pasos sin tregua reventando todo lo que se esperaba de ellos, entregando discos de una calidad que sigue siendo superior a muchas cosas que se producen hoy en día. Estas dos bandas en particular a mí no me gustan, de hecho las detesto, particularmente a los Héroes, pero jamás permitiré que mi juicio se nuble al grado de negar su importancia y trascendencia.
En ese camino apareció Caifanes, la primer banda mexicana que explotaba e irradiaba una sed de identidad propia. Sí, nadie puede negar que Saúl quería a toda costa parecerse a Roberth Smith, cosa que en México le ganó mucho descrédito de parte de los mismos pendejos que alababan a Bunbury por imitar descaradamente a Morrison (otro pendejo que me caga la madre). Caifanes lanzó un primer disco que hoy sigue siendo de culto para una generación y que sigue ganando adeptos. Los tres discos siguientes eran testimonio fiel de la grandeza de estos tipos (Saúl, Alfonso, Sabo, Alejandro y Diego, aunque este último salió pronto de la banda). Nadie puede negar y sería pendejo intentarlo, que Caifanes era una banda panfletera que explotaba una idea oficialista de lo que se entendía por el misticismo mexicano, heredado de culturas ancestrales. En este país todo mundo se siente Mexica o Maya, pero no tienen una puta idea de los orígenes de estos grupos y todo lo que suponen saber lo sacaron de un libro de metafísica de la retrograda de Corín Tellado. Hoy todo el mundo habla de las profecías Mayas y nadie podría contar los mitos de los que se componen toda su ideología. Muestra irrefutable de que por el hecho de haber nacido en esta tierra hoy llamada México, no nos hace provenir de ellos, diga lo que diga Alfonso Caso. Pero ese no es el tema; sí, Caifanes era panfletero, pero era nuestro, identitariamente nuestro. Cantaba cosas que nos decían cosas a nosotros y eso era lo que importaba. Ellos llevaban la bandera de nuestro rock, trayendo consigo a bandas como La Maldita Vecindad, Café Tacvba, La Cuca, La Castañeda, La Lupita, Tex Tex, Santa Sabina, Juguete Rabioso y tantos otros.
Alguna vez comenté que el gran éxito de Bunbury fue haberse separado de los Héroes y mostrar que él era más que el cantante de una pinche banda wannabe gringa, lo mismo pienso de Cerati. En solitario lograron expandir sus horizontes musicales en grados superlativos. Yo esperaba que Saúl diera ese salto, lo tenía todo para ser nuestro Bunbury, nuestro Cerati, nuestro Calamaro, Fito, Sabina, Charly y más. Pero no. Prolongó el camino con una banda llamada Jaguares, extensión pobrísima de Caifanes. Pan con lo mismo. Hace un tiempo supe del lanzamiento de su primer disco solista y la verdad me emocioné. Supuse que ese salto había llegado, tarde quizá, pero era su turno. Antes la reunión de la banda original y por fin Remando, el primer disco de Saúl.
Voy a ser honesto, si bien estaba emocionado, nunca fue lo suficiente como para correr a comprar el disco. Lo descargué como muchos y me senté a escucharlo por varios días. Encontré algunas canciones que me gustaron, así, a secas; y mi impresión al momento de sentarme a escribir esto es: qué mediocre es el negarse a salir de su zona de confianza y aferrarse a seguir haciendo las mismas chingaderas que viene haciendo desde hace años. Ya no somos aquel pueblo necesitado de música. Ya no hay necesidad de pretender identidad, eso está hecho, ahora hay muchísima gente en México que sabe de música, gente que en verdad sabe de música y no aficionados como yo. Gente que aprecia y valora, que exige discos de calidad. Gente que esperará con ansia el disco de Café Tacvba que lanzarán en el 2012, porque ese sí es una garantía de creatividad y riesgo.
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